Y llovió sangre sobre el auditorium de CIFCO

Llegué al filo de las 8 de la noche. Múltiples almas vestidas de negro se deslizaban por lo ancho del área frontal del Centro Internacional de Ferias y Convenciones, dispuest@s a asistir a una misma convocatoria. Slayer se presentaría por vez primera en El Salvador.

Me atreví a entrar a la localidad Platinum, con la certeza de que presenciaría un tremendo mosh pit. Mi sorpresa fue darme cuenta acerca de la evolución del público metalero en nuestro medio.

Con sorpresa me encontré un público tranquilo, atento al show, pero lleno de mesura, sin apuros y sin ganas de que lo inesperado sucediera. Me sorprendió, porque yo esperaba ver a Sodoma y Gomorra.

El arte musical de Slayer fue contemplado más con la razón que con el corazón, cosa que yo ví censurable ya que toda la vida he pensado que el metal, a un nivel general, es un género emocional y no racional. Pues vaya chasco con el que me encontré.

Me llenó de satisfacción ver las caras de muchos amigos de infancia, conocidos, compañeros de trabajo, disfrutando del recital de una forma fraternal, sin discriminación, sin rencores, en una sociedad donde la violencia pareciera ser el pan de cada día. Viejos camaradas que marcharon al extranjero fueron convocados en fotografías y antiguos recuerdos de la época del Auditorium de Fenastras, una y otra vez. Les echamos de menos ésa noche, más que nunca.

Slayer fue vitoreado y se retiró del escenario como sólo los grandes lo saben hacer. Insisto, mi sensación de que “algo faltó” no se apagó de mi cabeza, y sin embargo, decidí seguir departiendo con unos amigos en antro metalero de la periferia.

Para mi satisfacción quedarán fotografías, añorados reencuentros y una noche que dará mucho de qué hablar durante bastante tiempo.

Estoy a la espera del siguiente gran show………..