Se cierra una nueva edición del Wacken: el reflejo en el espejo

by ▲Augustus▲

Dice una antigua leyenda que si una mujer se mira en el espejo cerca de la medianoche, a la luz de las velas, y máxime si lo hace mientras se peina, podría ver en el cristal la imagen del hombre que la desposará. De la misma forma se ha dicho, según esta creencia, que podría tener visiones horrorosas e infernales.

El telón se ha cerrado para el festival Wacken Open Air 2017 dejándonos magníficos frutos, así como imágenes que causan harta envidia, como la de los compatriotas luciendo la bandera nacional en este tumulto reunido bajo un sólo ideal. Los adelantos de la tecnología permitieron a algunos contemplar el espectáculo realizado a miles de kilómetros, pero sintiéndonos presentes en corazón y espíritu.

Yo personalmente no pude presenciarlo debido a fallas técnicas, mas mi imaginación voló como un pájaro recién liberado, concibiendo dentro de mi mente todo aquello. Pude sentir el lodo del cual algunos se embadurnaron, los alaridos omnipresentes, las hurras hacia las bandas y el joven y vibrante ambiente que se debe haber sentido sin siquiera verlo. Tras décadas de escuchar metal, no necesito ver esas cosas para creerlas.

La comunidad latinoamericana dijo presente una vez más en esta multitudinaria asamblea de almas. Las amistades que nacieron florecerán, y las promesas de regresar el próximo año deben haberse intercambiado con la velocidad y expansión de la pólvora. Abundantes fuegos artificiales dentro del pecho de cada uno de los presentes se debieron haber quemado minuto a minuto, mientras habíamos quienes sólo deseábamos estar allí, en un futuro no muy lejano.

El Wacken Open Air ya se ha convertido en una tradición anual. Las mejores bandas del planeta se dan cita para satisfacer los oídos más exigentes de los más refinados aficionados al metal en el mundo. Tres hermosos días son esperados cada año para consolidar sueños de adolescencia.

Es en este punto en el que a veces me pongo a pensar en el poder de la unión y solidaridad. Se reúnen metaleros de todo el mundo, sin distinción de razas, credos, género ni condición social. En El Salvador debemos ser, a estas alturas, miles de fans del metal que buscamos información, escuchamos nuevas agrupaciones y propuestas, nos interesamos en qué están comunicando y diciendo los músicos locales. Acariciamos el día en el que, al menos un humilde pero concurrido festival, sea realizado en tierras salvadoreñas para unirnos en un sólo canto con una magnitud similar. Terminar de limar asperezas y reescribir la historia en la escena nacional.

Quizás podrían decir que sólo soy un soñador, dijo John Lennon. Es posible. Como Metal SV, vemos con ojos brillantes y admiración cómo el movimiento del metal ha crecido como una pequeña planta que un día alguien sembró, y se ha convertido en una gigantesca ceiba. Sus frondosas ramas nos cubren ahora con una refrescante sombra, y cada día son más quienes llegan cobijándose de los rayos del sol de una sociedad que insiste en sustraer en vez de añadir.

Es en Wacken Open Air donde podemos vernos en un espejo, para darnos cuenta que los idilios no son imposibles. Miles de personas no le han fallado al metal una vez más, de la misma forma en que los que tenemos posibilidades limitadas no podemos fallarle a una escena nacional cambiante y cada vez más polifacética.

Debemos pararnos frente al espejo y poder decir que tomamos la decisión de cambiar el reflejo para lo que exactamente quisiéramos ver en él.

La tarea no es de un día para otro ni mucho menos. Los cambios empiezan por un pequeño paso, pero si muchos pasos se sincronizan, será bastante. Es obvio que queremos ver la tierra prometida sin haber luchado por ella, pero las nuevas semillas, en mi humilde opinión ya cayeron a la tierra. El tiempo dirá si ésta era fértil o no.

En el no desfallecer está acaso la clave. Limpiemos el espejo y miremos más de cerca. No necesitamos esperar la medianoche para divisar nuestro futuro, quizá digamos, el más cercano.

 

▲Augustus▲ es administrador y colaborador de Metal SV.