“El ángel de la muerte” confirma su presentación en El Salvador

Lo que con tantas ansias esperaban los metaleros salvadoreños es ahora una realidad, ya que la productora local Two Shows ha tomado la palabra y ha confirmado, mediante un comunicado en las redes sociales, el concierto que la banda norteamericana Slayer realizaría en San Salvador este próximo 28 de abril en el Anfiteatro del Centro Internacional de Ferias y Convenciones.

La noticia, que ya era esperada por muchos, aparte de dibujar sonrisas en los rostros tanto de metaleros de la nueva ola, como de los viejos lobos de mar, ha creado un halo de ansiedad concerniente a la logística de la organización, los puntos de venta, el dónde quedarse para nuestros hermanos centroamericanos, y por supuesto, los precios de las localidades.

Aún cuando los medios y la productora han demostrado un bajo perfil respecto al venidero recital, los rumores están a la orden del día, y es por ello que se han aventurado a lanzarse vaticinios “a boca de urna”, como se dice en las elecciones, acerca de cómo andarán rondando los precios de las entradas. Hay que aclarar el hecho de que esta noticia ha corrido como la pólvora, y de la misma manera, las especulaciones. No omito hacer énfasis en que no hay nada escrito en piedra, pero, como promedio, he escuchado que los precios estarían entre los $40 el básico, la localidad intermedio por los $60, y la preferencial en unos $80, precio que luce justo si sabemos el calibre de la banda que nos visitará.

Los precios son similares a los de el recién pasado concierto de Megadeth; si lo vemos así, tiene su lógica, es otro de los Big Four.

Por otro lado, hay que recalcar que Two Shows nos cumplió por todo lo alto el año pasado al traer a La Doncella de Hierro en una inolvidable noche.

 

 

Parece avecinarse otra gran noche, la cual recordaremos dentro de 30 años, compartiéndola con nuestros nietos, llenándolos de envidia al decirles que nuestros ojos tuvieron la dicha de ver a un monstruo del metal.

Como ya es sabido, no está de más recomendar la convivencia fraternal entre los hermanos metaleros y evitar los conatos de violencia tanto en los alrededores del recinto, como durante el concierto.